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Hay un mal que corre silencioso por detrás de todos los servicios de la construcción, desde estudios de arquitectura hasta pintores o acuchilladores de suelos. La duda que todos tienen, sobre todo al principio, es cómo fijar el precio de los servicios sin trabajar gratis ni espantar a los clientes.

La mayoría opta por mirar a la competencia y hacer un promedio entre las opciones más caras y las más económicas. Sin embargo, esto puede convertirse en un error costoso, ya que se desconocen los costos reales de los competidores. A continuación, tres preguntas que te ayudarán a calibrar mejor el precio de tus servicios.

¿Sabes qué busca realmente tu cliente?

Antes de hablar de precios, es prioritario comprender qué es lo que valora el cliente del servicio, ya que no todos ellos buscan lo mismo. Una persona que tiene pensado rentabilizar el piso a través del alquiler probablemente esté buscando un servicio rápido, mientras que otros propietarios priorizarán la calidad y los acabados. 

Conocer en profundidad al avatar permite hablarle directamente a él y priorizar las partes del servicio que más le interesan. Diseñar exclusivamente para esta persona y descartar todo lo que no le interesa o que no suma.

Así, se puede abaratar el costo de adquisición de un nuevo cliente simplemente conociendo los "puntos de dolor" (necesidades puntuales) y hablando directamente sobre ese tema.

A través de sitios como Trustlocal, por ejemplo, se puede conectar tanto con clientes como con otros profesionales. Si bien facilitan el contacto, también implican posicionarse al lado de proveedores, lo que obliga a afinar bien la propuesta de valor y el precio antes de competir en esa arena.

¿Cuáles son los costos reales de los materiales?

Para fijar precios con criterio, primero hace falta conocer los costos reales del trabajo. Al principio es muy difícil de calcular, pero después de algunos servicios es fácil notar que hay elementos obvios en el presupuesto (cemento, arena, ladrillos, pintura o instalaciones) y otros que parecen "invisibles", como el transporte, el tiempo invertido en el presupuesto o el desgaste de las herramientas.

A todo lo anterior se suma que en España la inflación en 2025 fue del 2,7% en promedio anual. Eso significa que los precios de los materiales pueden variar en cuestión de semanas, por lo que trabajar con valores desactualizados puede dejar al profesional desfasado. 

Un error en este punto puede desembocar en "regalar" el trabajo. Por eso, el margen de ganancia tiene que definirse recién cuando se hayan afinado los números de los costos. Aunque suene obvio, muchos profesionales fallan en este punto por no tomarse el tiempo suficiente para hacer el cálculo. 

¿Presupuesto o precio cerrado?

Una buena idea para evitar problemas es detallar el presupuesto por escrito. Ser meticuloso a la hora de definir qué es lo que está incluido (y qué no), incluyendo plazos, forma de pago y condiciones. Este paso evita malentendidos y transmite profesionalismo. 

Además, la mayoría de los clientes acepta precios más altos cuando el presupuesto logra transmitir claridad en el paso a paso y seriedad de cumplimiento desde el inicio.

Para los trabajos más pequeños conviene ofrecer un precio cerrado por metro cuadrado. En el caso de las obras grandes, lo ideal es pasar más tiempo calculando los costos y desglosar por etapas. Esto aporta transparencia y te protege frente a cambios o ampliaciones inesperadas.

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