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Can Garrover, situada en la localidad mallorquina de Sencelles, ha sufrido una profunda tercera trasformación ya que, lo que fue primero una casa señorial y después un elegante teatro, se ha convertido de nuevo en residencia familiar.

De casa señorial centenaria y teatro de pueblo abandonado a vivienda unifamiliar, Can Garrover constituye todo un referente en la rehabilitación contemporánea. Rindiendo tributo al elegante pasado de esta propiedad situada en la localidad mallorquina de Sencelles, Bonba Studio le ha dado una segunda vida al convertirla en sofisticada residencia mediterránea.

Con la firme voluntad de reivindicar la esencia de lo que había sido Can Garrover en otras épocas, los arquitectos de Bonba Studio han querido mantener muchos de los elementos originales del teatro.

La restauración del arco de piedra de marés y la carpintería metálica de hierro con cristal reciben al visitante. En lugar de una alfombra roja, un camino de adoquines de piedra caliza conduce a varias habitaciones con baño incorporado.

En la primera planta, el antiguo escenario actúa como patio interior que permite que las habitaciones contiguas se llenen de luz natural.

Esta luminosidad se multiplica gracias al blanco reinante en el espacio diáfano de doble altura que ocupan la cocina-comedor y el salón.

Diseñado por Maria Roselló de RO2 Interiorismo y con complementos textiles de Las Panchas, el estilo minimalista y los tonos neutros de este espacio central generan un ambiente sereno que pone de relieve el alma del proyecto: el antiguo escenario.

Para destacar esta sobriedad estética, la diseñadora ha elegido dos impresionantes luminarias de Vibia. Integrándose o lo perfección en el interiorismo de este espacio, uno composición angular Sticks ilumino lo pared del fondo.

La asimetría y pureza de formas de este diseño que firmo Arik Levy aporto equilibrio y armonía. Tres varillas minimalistas que rotan sobre su propio eje permiten dirigir lo luz exactamente hacia el lugar deseado. Con elegante esbeltez, interrumpen el plano arquitectónico sobre el que están instalados, trazando líneas luminosas con precisión gráfica y haciendo las veces de dinámica escultura.

En marcado contraste con la linealidad característica de Sticks, tres lámparas Flamingo suspendidas sobre la mesa del comedor protagonizan la escena.

La elección de este diseño de Antoni Arola para iluminar el corazón de la vivienda genera un ambiente cálido y hospitalario.

Por su parte, la gradación de luz ambiental que proporcionan los discos cónicos flotantes de cada luminaria aporta una nota poética. Adaptable a cualquier espacio y personalizable con el fin de responder al estado de ánimo de cada momento, Flamingo aúna belleza y diseño intuitivo.

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