por InfoConstrucción 25 de enero, 2018 Construcción comentarios Bookmark and Share
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Desde la fundación se apuesta por empezar a afrontar el cambio climático desde una perspectiva individual, modificando el propio entorno e incidiendo en que sea la propia vivienda la primera acción a llevar a cabo, y de paso obtener un beneficio adicional e inmediato en términos de salud, bienestar y confort. 

Cada 28 de enero se celebra el Día Mundial por la reducción de las emisiones de CO2 una fecha en la que se pretende que la sociedad reflexione, se sensibilice y tome conciencia de una problemática de actualidad: la preservación de nuestro planeta a través de la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero para minimizar los efectos del cambio climático.

El cambio climático es un fenómeno presente y para combatirlo se necesita un compromiso internacional, político y social. “Es lógico que sean las estrategias globales las que actúen en este sentido, con ejemplos como el Protocolo de Kioto o el reciente Acuerdo de París, pero desde La Casa que Ahorra queremos ir al detalle, a lo que podemos hacer cada uno de nosotros, para impactar en el problema”, afirma Albert Grau, gerente de la Fundación.

En el día Mundial de la Reducción de las Emisiones de CO2 “tenemos que plantearnos cómo actuar en este sentido. ¿Y si cambiamos algo de lo que estamos haciendo ahora? ¿por dónde podemos empezar?”, señala Grau. Partiendo de esta premisa se puede trabajar en muchos aspectos, pero desde la Fundación La Casa que ahorra se hace hincapié en uno: “el lugar que nos cuida y protege, y donde viven nuestros seres queridos, nuestra vivienda”. 

Parece razonable actuar en los edificios, responsables de hasta el 40% de las emisiones que se producen en la Unión Europea. La actuación puede pasar por cambiar los hábitos de uso de la energía, pero también por mejorar la vivienda apostando por la rehabilitación energética y lograr que apenas demande energía (e incluso la produzca), reduciendo al máximo sus emisiones de CO2, haciéndola de este modo eficiente y resiliente.

Para Grau la actuación está “en nuestras manos”, al alcance de todos, revierte en un beneficio inmediato en términos de salud, bienestar y confort, tiene una incidencia directa en la mejora de la calidad ambiental de nuestras ciudades y contribuye a la reducción global de las emisiones y del impacto del cambio climático. “Quizás sea un buen punto de partida partir de lo más local, que es nuestra vivienda, y mejorar lo global, nuestro planeta” añade Grau. 

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