La industria catalana del cemento cerró 2025 en un escenario de mercado plano y estable, con un consumo que acumula 14 años consecutivos por debajo de 2,5 millones de toneladas. Este volumen sitúa el consumo per cápita en torno a 300 kg por habitante y año, un 30% inferior a la media de la Unión Europea y en niveles absolutos similares a los de hace seis décadas, pese a que la población se ha más que duplicado.
El sector considera que este nivel es insuficiente para las necesidades de infraestructuras y vivienda de un territorio como Cataluña, en un contexto de transición energética y modernización del parque edificado.
800 millones para descarbonización y presión exportadora
En paralelo a la atonía del mercado doméstico, las empresas afrontan un esfuerzo inversor superior a 800 millones de euros en los próximos años para cumplir los objetivos de reducción de emisiones fijados por la Unión Europea para 2030 y la meta de neutralidad climática en 2050.
La presión financiera coincide con un descenso de las exportaciones del 18% en el último año, lo que reduce márgenes en un entorno ya tensionado por los costes energéticos y regulatorios.
Según Salvador Fernández Capo, presidente de Ciment Català, es necesario reforzar la colaboración público-privada para asegurar la viabilidad de los proyectos industriales: parte de la fiscalidad asociada a las emisiones de CO2 debería destinarse a apoyar la descarbonización, junto con un mayor respaldo para captar fondos europeos, como los Innovation Fund.
Infraestructuras de CO2 y energía renovable competitiva
Entre las prioridades señaladas por la patronal destacan:
- Desarrollo de redes de transporte y almacenamiento de CO2.
- Acceso garantizado a energía renovable a precios competitivos.
- Simplificación y agilización administrativa en permisos industriales.
Asimismo, el sector reclama normativas y estrategias de compra pública verde que incentiven el uso de materiales de bajas emisiones en proyectos de construcción, favoreciendo la demanda de productos descarbonizados.
En materia de economía circular, la industria apuesta por reducir al mínimo el vertido y potenciar la valorización de residuos en fábricas de cemento, en línea con las políticas europeas de gestión eficiente de recursos.
Con este escenario, la industria catalana del cemento afronta 2026 con un doble desafío: reactivar el consumo interno y ejecutar inversiones clave para mantener competitividad en un marco regulatorio cada vez más exigente en materia climática.



