Un mes después del inicio de la ofensiva israelí-estadounidense contra Irán, las interrupciones en el estrecho de Ormuz continúan afectando al comercio global. La volatilidad de materias primas se intensifica, especialmente en energía, fertilizantes, derivados petroquímicos y aluminio, con efectos que empiezan a trasladarse a toda la cadena de valor.
Según el economista sectorial de Coface, Simon Lacoume, la evolución del conflicto será determinante para medir el impacto en los mercados. En este contexto, los ataques a infraestructuras clave como el complejo gasístico de Ras Laffan, en Catar, han acelerado el encarecimiento energético. El crudo Brent ha alcanzado los 119 dólares, con un incremento del 50 % en un mes, aunque con diferencias significativas: el crudo DME de Omán supera los 160 dólares por barril, mientras el WTI estadounidense ronda los 100 dólares. Esta disparidad refleja una presión desigual en los precios energéticos según mercados.
El impacto ya se extiende a los precios finales. En Estados Unidos, la gasolina ha alcanzado máximos históricos, con 3,96 dólares por galón, un 35 % más en un mes. En Asia, el gasóleo en Singapur casi se ha triplicado, mientras que el combustible para aviación se ha duplicado a nivel global, evidenciando la transmisión de costes energéticos a sectores dependientes.
Gas natural y petroquímica amplifican la presión inflacionaria
El gas natural se sitúa en el centro de las tensiones. En Europa, el índice TTF ha subido un 85 % en un mes hasta los 55 €/MWh, mientras que el LNG Japan/Korea Marker se ha duplicado. Aunque Estados Unidos presenta menor exposición, el Henry Hub también registra un aumento del 36 %, confirmando una crisis energética global.
Este encarecimiento afecta directamente a la industria petroquímica. El precio de la nafta en Singapur ha superado los 1.000 dólares por tonelada, un 60 % más desde el inicio del conflicto. La baja disponibilidad de inventarios en Asia, entre 2 y 3 semanas, ha impulsado los precios de polipropileno, polietileno, poliestireno y PVC, generando riesgo de contagio a múltiples sectores industriales.
Asimismo, el azufre, clave para la lixiviación de cobre y níquel, ha subido un 25 % en un mes, afectando a países altamente dependientes como Chile, República Democrática del Congo e Indonesia.
Fertilizantes y agricultura bajo presión de costes
El aumento del gas natural, que representa hasta el 80 % de los costes de producción de los fertilizantes nitrogenados, está impulsando los precios en este mercado. El precio de la urea granulada FOB Oriente Medio ha subido un 37 %, hasta los 665 dólares por tonelada.
Aunque el impacto se concentra por ahora en productores de cereales estadounidenses, la prolongación de las disrupciones podría afectar a mercados como Brasil, India o Europa. Además, existen riesgos indirectos para países como Marruecos, dependiente del azufre importado para la producción de fosfatos, lo que evidencia la interdependencia de la cadena global de suministro agrícola.
Aluminio, el metal más expuesto al bloqueo logístico
El aluminio emerge como uno de los materiales más afectados. El bloqueo del estrecho de Ormuz limita tanto la exportación como el acceso a materias primas clave, como bauxita y alúmina. Como consecuencia, Aluminum Bahrain ha reducido un 19 % su producción, equivalente al 5 % del total regional.
A esta situación se suman paradas en otras regiones, como Mozambique, donde el aumento de los costes energéticos ha obligado a suspender operaciones. En este contexto, el precio del aluminio ha subido un 11,5 % en un mes, alcanzando los 3.500 dólares por tonelada, con un incremento cercano al 25 % en el último año.
En conjunto, la volatilidad de materias primas refleja un escenario de alta incertidumbre, donde la evolución del conflicto y la estabilidad de las rutas logísticas serán determinantes para la industria global.




