por InfoConstrucción 20 de febrero, 2015 Sostenibilidad comentarios Bookmark and Share
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La noche del 12 al 13 de febrero de 2005 el edificio Windsor de Madrid era una tea de fuego inmensa que se veía desde varios kilómetros a la redonda. Uno de los edificios más emblemáticos de la capital ardía, al parecer, por el fuego provocado por una colilla sin apagar en una papelera de una de las oficinas del piso 21.

Se da la circunstancia de que el edificio, de 30 plantas, se encontraba en pleno proceso de mejora de las instalaciones de seguridad contra incendios, y que fueron necesarios tres días para apagar por completo las llamas. Los bomberos que actuaron -prácticamente todo el Parque de Madrid-, recuerdan esos largos días de hace 10 años. Ni las mangueras, ni las grúas llegaban a los pisos superiores donde se había originado el incendio, por lo que se dedicaron a enfriar las plantas inferiores para evitar la propagación y el derrumbe descontrolado. Los Bomberos lucharon contra un fuego gigantesco, no ya para salvar el edificio sino para evitar una catástrofe que se podía haber extendido a los edificios colindantes.


El incendio que destruyó el edificio Windsor en Madrid creó gran inquietud entre los ciudadanos sobre la seguridad en caso de incendio en los edificios en altura. Durante los meses siguientes al siniestro, tanto la Asociación Tecnifuego-Aespi (Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios) como las empresas asociadas, recibieron cientos de consultas y peticiones de evaluación de edificios de oficinas construidos en altura.


Avances de seguridad
En los últimos diez años, ha habido avances en la legislación de los edificios y en la tecnología de los sistemas contra incendios. En 2006 se aprobó el Código Técnico de la Edificación, que otorga mayor protagonismo a la labor del prescriptor. En estos diez años igualmente se han desarrollado nuevos avances tecnológicos en los equipos y sistemas de protección contra incendios. Nuevas soluciones para prevenir, detectar y extinguir un incendio en edificios de altura.


Los expertos de Tecnifuego-Aespi alertan de que en edificios en altura, con más de 80 metros, se tiene que extremar la seguridad contra incendios, adoptando las últimas soluciones tecnológicas especiales para proteger un rascacielos. Algunas de las medidas de protección a adoptar son: resistencia al fuego de los elementos constructivos, reacción al fuego de los materiales, compartimentación, vías de evacuación, escaleras de emergencias, salidas y señalizaciones de emergencia, detección y extinción automática, equipos de primera intervención, sistemas de control de humos para presurizar escaleras, etcétera.


Todos estos elementos deben preverse en las fases de diseño y construcción del edificio, bajo la dirección de un experto en protección contra incendios teniendo en cuenta la particularidad de cada edificio. En el caso de remodelación y adecuación del edificio, situación más sensible y delicada, el especialista en protección debe realizar un estudio pormenorizado para determinar qué medidas son obligatorias y cuáles aconsejables para una mayor seguridad. Finalmente, el mantenimiento es una acción clave para que los sistemas y equipos estén operativos y conserven la máxima eficacia y fiabilidad. El conjunto de actuaciones requiere una dotación económica suficiente, porque, como nos muestra la experiencia, el querer ahorrar en temas de seguridad resulta muy caro.


En 2005 aún estaba vigente la Norma Básica de la Edificación, NBE-CPI/96. Al año siguiente se publicó el Código Técnico de la Edificación (CTE) que incluía mayores exigencias también en los edificios de altura.


Por ello, algo muy importante y que debería tenerse en cuenta es la retroactividad de la norma, para poder revisar la protección de todos los edificios, incluidos aquellos anteriores a la promulgación del Código Técnico de la Edificación (2006).


El CTE y la seguridad contra incendios
El Código Técnico de la Edificación (CTE) representó uno de los cambios más importantes en cuanto al diseño y aplicación de los elementos constructivos. Entre otras cuestiones, obliga a la incorporación del marcado CE en todos los materiales que se usen en la construcción, incluidos los destinados a la seguridad contra incendios.


Las diferencias más importantes entre la normativa anterior (NBE-CPI- 96) y el CTE son que otorga una mayor libertad al técnico responsable, que obtendrá las exigencias normativas a través de prestaciones, y no como en la norma anterior que fijaba unas prescripciones fijas. Además, dos de sus grandes cualidades son la unificación y la ordenación del sistema.


El CTE destaca una mayor seguridad en las estructuras y mayor seguridad en los incendios. En este caso, se establecen medidas para impedir la propagación de un incendio, tanto interior como exterior al edificio; se facilita la evacuación de ocupantes del edificio en condiciones de seguridad; se prevé la instalación de sistemas de detección, control y extinción; se mejora la intervención de los bomberos y se regula la resistencia al fuego de la estructura. Además, se establecen las condiciones de reacción y resistencia al fuego que deben cumplir los elementos constructivos.


Entre las secciones que se recogen en el DB SI está la Sección SI 4: Detección, control y extinción del incendio-. En edificios de altura se deben instalar sistemas de detección y extinción automática (detectores y rociadores), columna seca conectada a las BIES -boca de incendio equipada-, extintores manuales cada 15 metros, hidrantes o tomas de agua cercanas al edificio, sistemas de evacuación de humos, etc.


Un buen sistema contra incendios no sirve si una vez instalado no se realiza su mantenimiento periódico, que es el que garantiza la eficacia. Un incendio es un suceso poco habitual y por tanto los sistemas no se activan sino en la emergencia, por ello la fase de mantenimiento es la que prueba que el sistema sigue optativo como el día en que se instaló.

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