por InfoConstrucción 24 de septiembre, 2015 Construcción comentarios Bookmark and Share
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En el presente artículo, Diana Tallo, gerente de la ACP (Agencia de la Certificación Profesional), aborda la importancia que está adquiriendo cada vez más en en el ámbito laboral la certificación, aspecto al que no escapa como es lógico nuestro sector de la construcción.

La experiencia adquirida a lo largo de los años, o el compromiso con una forma ética de entender la vida profesional. son dos elementos tremendamente importantes a la hora de lanzarse a un mercado de la edificación cada vez más complejo, donde la liberalización hace crecer de forma importante el número de empresas y de profesionales que compiten por un mismo proyecto, al mismo tiempo que abre una puerta hacia nuevas posibilidades de trabajo en el exterior. Cruzar esta puerta supone enfrentarse a mercados de la edificación maduros, en los que no basta con mostrar un currículum para ser reconocido como un buen profesional, además es necesario poderlo demostrar. En esto consiste la certificación y para ello surge la Agencia de Certificación Profesional.


La ACP nace para eliminar las barreras que muchos profesionales españoles del sector de la edificación encuentran cuando intentan lograr proyectos en otros países, donde las empresas y las administraciones valoran la garantía que supone contratar empresas dotadas de un sello distintivo, otorgado por un agente neutral y ajeno a las mismas, que reconozca las capacidades y las competencias laborales de un determinado profesional, o de los trabajadores de una determinada empresa.


Esta certificación está altamente introducida, y exigida, en un gran número de países de nuestro entorno, como es el caso de Francia, Gran Bretaña, Alemania o, cruzando el Atlántico los Estados Unidos; lugares en los que entidades como RICS o PMI, que certifican el cumplimiento, por parte de las empresas y de los profesionales que así lo solicitan, de una serie de estándares internacionales. La Agencia de Certificación Profesional pretende jugar este papel para posibilitar la equiparación de nuestros profesionales a los de estos países, dónde están compitiendo y con cuyas empresas están compitiendo, certificando su profesionalidad articula a través de un sistema de certificación profesional basado en los criterios de rigor, independencia y objetividad definidos por la norma internacional ISO 17024.


Resulta evidente que este reconocimiento ofrece mayores garantías, y por lo tanto mayores posibilidades competitivas, que la simple colegiación profesional.


El primer paso dado por la Agencia de Certificación Profesional ha consistido en la identificación de aquellos perfiles más demandados por el mercado, para ello encargó un estudio a la consultoría PwC, a partir del cual se han establecido las primeras cuatro especialidades certificadas a nivel nacional: consultor técnico en edificación, dirección técnica y ejecución de obra, auditor energético y coordinador de seguridad y salud.
En todos los casos resulta indispensable disponer de una titulación universitaria oficial que habilite al interesado para el ejercicio de las profesiones reguladas en el ámbito de la edificación y la arquitectura. Asimismo, también se requiere estar colegiado en cualquiera de los colegios profesionales del territorio nacional; no estar inhabilitado por cualquiera de las causas recogidas en la legislación vigente, en los estatutos colegiales o por sentencia judicial y disponer de un seguro suficiente la responsabilidad civil en que puedan incurrir a causa del ejercicio de la profesión y mantenerla vigente durante todo el período en que puedan recibir una reclamación.


Asimismo, la certificación otorgada por ACP valora la formación continuada de los profesionales de la edificación, para ello se exige un mínimo de horas dedicadas, entre veinte y sesenta en función del tipo de certificado al que aspire el profesional, y su experiencia.


De esta forma la certificación se convierte en algo más que un simple reconocimiento de la valía profesional, para ser una garantía de innovación y la imprescindible actualización profesional en un entorno normativo tan cambiante como es el nuestro, que exige de los profesionales una gran versatilidad y capacidad de adaptación.

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