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En la práctica profesional de arquitectos y constructoras, las consultas sobre patologías en viviendas arrendadas son recurrentes. Determinar el reparto de obligaciones no es solo un imperativo legal, sino una necesidad técnica para discernir si el daño proviene de defectos de ejecución o de una gestión deficiente del mantenimiento.

En este contexto, la imputación de costes se articula bajo tres pilares: el marco normativo vigente (LAU y Código Civil), la naturaleza técnica del desperfecto y el rigor del análisis pericial que identifique su causa raíz. Como criterio general, el propietario debe mantener la vivienda habitable y el inquilino debe usarla con responsabilidad.

Propietario e inquilino: reparto básico

El reparto de costes también puede incluir la discusión sobre quién paga el IBI en un alquiler. El IBI es un impuesto vinculado a la titularidad del inmueble, por lo que, como regla general, corresponde al propietario. Aun así, el contrato puede prever que el inquilino asuma determinados gastos, siempre que el pacto sea claro y se ajuste a la normativa aplicable.

Centrémonos ahora en las reparaciones. De forma general, el propietario se encarga de las reparaciones necesarias para conservar la vivienda en condiciones de habitabilidad. El inquilino, por su parte, se hace cargo de pequeñas reparaciones derivadas del uso ordinario y de los daños causados por negligencia, descuido o uso inadecuado.

Para los arquitectos y constructores, la cuestión relevante consiste en determinar si el daño responde a:

  • Defectos constructivos o de ejecución.
  • Falta de mantenimiento preventivo.
  • Envejecimiento natural de los materiales.
  • Uso inadecuado o sobrecarga funcional.

Averías en electrodomésticos

Si se avería un electrodoméstico, ¿quién debe pagarlo? La primera clave es determinar si el aparato venía con la vivienda o si es propiedad del inquilino.

En intervenciones de reforma o rehabilitación, es recomendable dejar debidamente documentadas la preinstalación eléctrica, la potencia prevista y el cumplimiento del Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión, ya que una sobrecarga o una instalación deficiente pueden trasladar la responsabilidad más allá del mero desgaste del aparato.

Si el electrodoméstico venía con la vivienda, hay que diferenciar entre avería por desgaste y daño por mal uso. En caso de reclamación, puede resultar determinante un informe técnico que acredite si la causa del fallo es de naturaleza mecánica (uso indebido), eléctrica (instalación defectuosa) o estructural (vibraciones, nivelación incorrecta del soporte, etc.).

Para evitar discusiones, conviene contar con un inventario inicial, fotos y, cuando se produzca la avería, comunicarla por escrito lo antes posible. La trazabilidad documental (acta de entrega, memoria de calidades y certificaciones de instalación) resulta fundamental para delimitar responsabilidades con precisión.

Tuberías y grifos que gotean

Una tubería que gotea puede ser una pequeña incidencia o el síntoma de un problema estructural. La diferencia esencial radica en determinar si el origen se encuentra en un elemento fácilmente sustituible (latiguillos, juntas o cartuchos) o en la red empotrada, donde podrían concurrir defectos de ejecución, soldaduras deficientes o empleo de materiales inadecuados.

Si el goteo proviene de una instalación envejecida, de una tubería empotrada, de corrosión generalizada o de defectos previos, lo habitual es que pague el propietario. No obstante, si el daño deriva de presiones inadecuadas, de golpes de ariete no previstos en el proyecto o de incumplimientos normativos en la instalación inicial, podrían existir responsabilidades técnicas que trasciendan la mera relación arrendaticia.

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