El aumento de las temperaturas está cambiando la forma de valorar las naves industriales y logísticas. En un contexto marcado por episodios de calor cada vez más frecuentes e intensos, la eficiencia energética deja de ser un criterio vinculado únicamente a la sostenibilidad para convertirse en un factor determinante para la operativa diaria, la rentabilidad de los activos y su atractivo para el mercado.
Proequity, consultora especializada en asesoramiento inmobiliario y gestión integral de proyectos inmologísticos, advierte de que las características constructivas y energéticas de estos inmuebles tendrán un peso creciente en las decisiones de ocupantes, propietarios e inversores. El tamaño de las instalaciones, la intensidad de su actividad y las necesidades de ventilación, iluminación y climatización hacen que cualquier mejora en eficiencia tenga un impacto directo en el consumo energético, la continuidad de la actividad y el confort de los trabajadores.
Los edificios concentran el 30,6% del consumo final de energía
Los datos respaldan esta tendencia. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), los edificios concentran el 30,6% del consumo final de energía en España y generan el 11 % de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero. A ello se suma un escenario climático cada vez más exigente: de acuerdo con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), 2024 fue el tercer año más cálido de la serie histórica y registró tres olas de calor que se prolongaron durante un total de 22 días.
Ante esta situación, Proequity considera que los activos mejor preparados desde el punto de vista energético estarán en mejores condiciones para afrontar las nuevas demandas del mercado. Medidas como un mayor aislamiento térmico, cubiertas eficientes, ventilación natural, iluminación LED, sistemas inteligentes de monitorización del consumo, climatización de bajo consumo o la incorporación de energía fotovoltaica permiten reducir la demanda energética durante los episodios de altas temperaturas y mejorar el rendimiento de los inmuebles.
La consultora subraya que el impacto del calor va más allá del incremento de la factura energética. En actividades donde la continuidad operativa resulta esencial, las altas temperaturas pueden afectar a la organización de los turnos, la seguridad laboral, el bienestar de las plantillas y el correcto funcionamiento de determinadas operaciones logísticas e industriales. En este sentido, la Organización Internacional del Trabajo ya ha alertado sobre las consecuencias del estrés térmico para la salud y la productividad de los trabajadores.
Esta realidad también está acelerando la diferenciación entre activos modernos y obsoletos. Las naves de nueva generación, diseñadas con mejores prestaciones energéticas y certificaciones ambientales, parten con ventaja para responder a los objetivos de descarbonización de las empresas y a los criterios ESG que cada vez tienen más peso en las decisiones de inversión.
En cambio, los inmuebles menos eficientes podrían necesitar inversiones adicionales para mantener su competitividad. Según Proequity, la eficiencia energética comienza a incorporarse de forma habitual a los procesos de due diligence técnica, operativa y financiera, junto a factores tradicionales como la ubicación, la conectividad, la altura libre, los muelles de carga o la disponibilidad de suelo.
"El mercado no va a penalizar de un día para otro todos los activos antiguos, pero sí vemos una tendencia clara: el ocupante es cada vez más exigente y el inversor analiza con más detalle el capex necesario para adaptar un inmueble. En logística e industrial, la eficiencia energética no debe entenderse como un extra, sino como parte de la estrategia de valor del activo", afirma David Martínez, CEO de Proequity.
La evolución del mercado refuerza este escenario. La contratación logística en Madrid alcanzó alrededor de 345.000 metros cuadrados durante el primer trimestre de 2026, el segundo mejor arranque de año de la serie histórica y un 20 % más que en el mismo periodo del año anterior, según datos del sector. En un mercado con una demanda sostenida y una oferta limitada de producto moderno, la calidad técnica y energética de las naves se perfila como un elemento diferencial para propietarios, promotores e inversores.
Para Proequity, la adaptación climática y energética será uno de los principales factores que determinarán el valor futuro de los activos industriales y logísticos. La compañía defiende que estos criterios deben integrarse desde las fases de diseño, adquisición, rehabilitación y comercialización para garantizar la competitividad de los inmuebles en un mercado cada vez más exigente.



