El incremento de las olas de calor y de las temperaturas extremas está impulsando la creación de refugios climáticos en las ciudades como medida para proteger a la población durante los episodios de calor intenso. Según la información facilitada, el verano de 2026 está registrando temperaturas próximas a 44 °C en Francia, superiores a 41 °C en Alemania y por encima de 40 °C en el Reino Unido, lo que ha intensificado el debate sobre la adaptación del entorno urbano al cambio climático.
Los refugios climáticos son espacios públicos que ofrecen zonas de sombra, temperaturas más moderadas y acceso gratuito a la ciudadanía durante los periodos de mayor estrés térmico. En ciudades como Madrid, diferentes equipamientos públicos han adaptado sus instalaciones para este fin. Entre ellos figuran Matadero Madrid, el Círculo de Bellas Artes y el Museo Reina Sofía, que habilitan áreas interiores o jardines como espacios de descanso durante el verano.
La planificación urbana incorpora soluciones climáticas desde el diseño
Más allá de estas actuaciones puntuales, el urbanismo avanza hacia modelos que integran los refugios climáticos desde la fase de planificación de nuevos desarrollos. El objetivo es incorporar infraestructura verde, sistemas de climatización pasiva y espacios de sombra como elementos estructurales del diseño urbano.
Un ejemplo de este enfoque es el desarrollo urbanístico de Solana, donde las zonas verdes forman parte de la planificación inicial del proyecto y actúan como elemento organizador de viviendas, calles y avenidas.
Según explica Eduardo Campo, gerente de la Junta de Compensación del desarrollo, el planteamiento consiste en utilizar la naturaleza como infraestructura principal del proyecto, en lugar de incorporar parques de forma aislada una vez definido el planeamiento.
El desarrollo contempla más de 290.000 m² de espacios verdes interconectados, concebidos para mitigar el efecto isla de calor, favorecer la ventilación urbana, generar áreas de sombra y facilitar que los residentes dispongan de zonas de confort térmico próximas a sus viviendas.
La integración de infraestructura verde desde las primeras fases del planeamiento se consolida así como una de las estrategias que las ciudades están incorporando para mejorar su resiliencia climática y adaptar el espacio urbano a escenarios de temperaturas cada vez más elevadas.



