Su notable resistencia mecánica, incombustibilidad, baja conductividad térmica y eléctrica, unidas a un coste de producción extremadamente reducido, propiciaron su instalación masiva en las décadas de los 60, 70 y 80 en España.
Hoy, ese legado constructivo conforma uno de los pasivos medioambientales y de salud pública más complejos de gestionar. La inevitabilidad de su degradación física por envejecimiento, sumada al impulso renovador impulsado por los objetivos europeos de descarbonización y eficiencia energética, exige al sector de la construcción abordar un proceso masivo de descontaminación bajo unos estándares de seguridad rigurosos.
Por qué el amianto es un peligro invisible
El riesgo potencial del amianto reside en su friabilidad. Un material friable es aquel que, bajo el efecto de la fricción, impactos, vibraciones o la simple erosión del paso del tiempo, puede disgregarse liberando polvo o fibras microscópicas al ambiente.
Las fibras de asbesto se caracterizan por sus dimensiones microscópicas y su morfología en forma de aguja, lo que les permite eludir los mecanismos de filtrado natural del aparato respiratorio humano y penetrar de manera profunda, hasta alcanzar los alvéolos y el espacio pleural.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogan a todos los tipos de amianto como agentes carcinógenos del Grupo 1. El aspecto más complejo desde el punto de vista epidemiológico es su periodo de latencia: las patologías graves suelen manifestarse entre 20 y 50 años después, lo que implica que el impacto sanitario de las instalaciones del siglo XX continúa manifestándose con fuerza en la actualidad.
Protocolos de intervención técnica y el rol de las empresas RERA
Dada la peligrosidad inherente a la manipulación de fibrocemento, el proceso de desamiantado no puede concebirse como una demolición convencional. Requiere un procedimiento de alta especialización técnica que engloba un protocolo secuencial articulado en cuatro fases principales:
- Diagnóstico técnico e inspección previa: en esta etapa inicial se realiza la caracterización del material, el análisis de su estado de conservación y la toma de muestras necesarias para confirmar el tipo de fibra y su grado de friabilidad en el inmueble.
- Redacción y aprobación del plan de trabajo: consiste en la elaboración y presentación ante la Autoridad Laboral de una memoria detallada donde se describen los procedimientos, los equipos de protección individual (EPIs de tipo 5/6, protección respiratoria con filtros P3 o respiración asistida), la duración estimada de la obra y la estrategia de medición ambiental.
- Aislamiento, confinamiento y extracción: en casos de materiales altamente friables o intervenciones en espacios cerrados, se instalan burbujas de depresión mediante extractores equipados con filtros absolutos HEPA para evitar la fuga de fibras. Asimismo, se aplica un agente encapsulante para fijar las fibras superficiales antes del desmontaje manualizado, el cual se ejecuta reduciendo la generación de polvo y evitando cortes o roturas.
- Gestión de residuos peligrosos: tras su desmontaje, el material retirado se embala en sacos homologados o Big Bags específicos debidamente señalizados con la etiqueta de advertencia de amianto. Finalmente, es transportado mediante gestores autorizados hacia vertederos acondicionados para la deposición final de residuos peligrosos.
La estricta complejidad de esta cadena metodológica pone de manifiesto que el desamiantado demanda cualificación técnica y formación homologada. La contratación de firmas especializadas como Global Amianto es la única garantía para asegurar un proceso que mitigue los riesgos jurídicos para la propiedad del inmueble, proteja la salud de los operarios y cumpla plenamente con el cuadro normativo vigente.
Rehabilitación energética y el horizonte 2030-2050
El impulso definitivo para la eliminación del amianto está íntimamente ligado a la ola de rehabilitación energética de edificios promovida por la Unión Europea (mecanismos NextGenerationEU e directivas de eficiencia en edificación).
Millones de metros cuadrados de cubiertas de fibrocemento en naves industriales y edificios residenciales deben ser sustituidos para dar paso a sistemas de aislamiento térmico eficiente e instalaciones fotovoltaicas sobre cubierta. La colocación de paneles solares sobre tejados antiguos de fibrocemento está expresamente restringida debido al riesgo de fractura del material durante los trabajos de anclaje, lo que obliga a abordar la descontaminación completa como paso previo e ineludible a cualquier proyecto de modernización energética.
El sector de la construcción se encuentra ante una década crucial: la erradicación del amianto es un pilar fundamental para garantizar la seguridad en el trabajo, la salud pública y el desarrollo de ciudades plenamente sostenibles.




