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En la práctica de obra, la cocina arrastra una contradicción: es uno de los espacios que más instalaciones concentra por metro cuadrado —fontanería, saneamiento, gas, electricidad reforzada y extracción específica— y, sin embargo, suele ser de los últimos en concretarse a nivel de mobiliario.

El resultado es que las instalaciones se ejecutan con un criterio genérico y, cuando la distribución real de muebles llega, no coinciden. Corregirlo con la obra avanzada es caro y, en algunos casos, incompatible con lo ya ejecutado.

El problema no es de ejecución, sino de secuencia: la distribución del mobiliario define las instalaciones, y por tanto debería preceder a su replanteo. Estos son los puntos donde la descoordinación sale más cara, con la normativa aplicable.

Extracción de humos: conducto propio, no ventilación general (CTE DB-HS 3)

El error más frecuente y más difícil de corregir. El CTE DB-HS 3 exige en cocinas un sistema específico y adicional de extracción para los vapores y contaminantes de la cocción, con conducto propio hasta cubierta, independiente de la ventilación general de la vivienda. Ese conducto se define en proyecto: diámetro del orden de 120-150 mm, con el recorrido más corto y directo posible, porque cada codo de 90º penaliza el caudal efectivo de la campana. Si el trazado no se prevé antes de cerrar falsos techos y pasos de instalación, la solución de última hora suele ser un conducto visto o un recorrido con codos que deja la campana trabajando por debajo de su rendimiento. Además, la posición de la campana fija la de la placa: la distancia de seguridad campana-placa es del orden de 65 cm en inducción/vitrocerámica y 75 cm en gas, y eso condiciona el frente de cocción y, con él, la distribución entera.

Electricidad: circuitos dedicados y reserva de potencia (REBT ITC-BT-25)

La cocina no se resuelve con el circuito de tomas de uso general. El REBT (ITC-BT-25) prevé circuitos independientes que le afectan directamente: C3 para cocina y horno (dimensionado en torno a 25 A), C4 para lavavajillas y termo, y C5 para las tomas de cocina y baño. En vivienda de gama alta con inducción conviene contar además con la reserva de potencia adecuada: una placa de inducción a plena carga puede demandar del orden de 7,4 kW, lo que a menudo empuja hacia un grado de electrificación elevada. La altura y posición de las tomas sobre encimera, y la del punto de conexión de placa y horno, salen del plano de mobiliario: fijarlas antes obliga después a regletas vistas o a rozas sobre alicatado terminado.

Agua, saneamiento e isla: lo que se resuelve con la solera abierta

Fregadero y lavavajillas fijan los puntos de agua y las bajantes de saneamiento; su posición depende de la zona de aguas del diseño. El caso crítico es la isla con fregadero o zona de cocción: exige llevar electricidad —y, si hay agua, alimentación y desagüe con la pendiente de saneamiento correspondiente— por el interior de la solera o el forjado. Es una previsión que solo es limpia con el suelo abierto; resuelta a posteriori implica levantar pavimento recién ejecutado.

Huecos, tolerancias y plazos de fabricación

El mobiliario a medida trabaja sobre las cotas de obra terminada, no sobre las del plano. La desviación entre lo proyectado y lo ejecutado —aplomo de paramentos, nivelación de solado, escuadrías reales— la absorbe el fabricante solo si el hueco se ha dejado con la holgura prevista. Y hay una partida que raramente entra en el planning: la cocina a medida de fabricación alemana no es material de stock, se fabrica bajo pedido con plazos de varias semanas. En una entrega ajustada, esa fabricación es camino crítico si la elección del mobiliario se deja para el final.

El momento de coordinar es el proyecto

De todo lo anterior se deduce una regla operativa: el fabricante de cocina debería incorporarse cuando todavía se pueden mover instalaciones y ordenar plazos, no cuando llega a tomar medidas para montar. Es algo que los propios fabricantes a medida defienden, porque son quienes más sufren la descoordinación. Edelmann Kitchen, distribuidor de cocinas alemanas de alta calidad en Madrid, lo resume sin rodeos en su material para prescriptores: «cada punto de instalación de cocina resuelto sin un plano de mobiliario detrás es un punto que, con probabilidad alta, habrá que rehacer». Han ordenado los puntos anteriores en una checklist pensada para prescriptores que funciona bien como recordatorio en fase de proyecto: extracción, circuitos, agua, isla, huecos y plazos.

En obra, como casi siempre, sale más barato preverlo que rehacerlo. Y en la cocina, donde se concentran tantas instalaciones sobre tan pocos metros, el margen de error se paga caro.

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